Un hombre cualquiera despierta desorientado y sin memoria en un entorno en el que no consigue distinguir su realidad física de sus ensoñaciones. Desde esta posición inicial iniciará una búsqueda llena de honestidad que le llevará al encuentro de distintos personajes -muy bien construidos y algunos de ellos inolvidables- y sorprendentes realidades. Con un evidente manejo de la capacidad expresiva y un sentido del ritmo muy acertado, Ramírez Viu ofrece la posibilidad de viajar por paisajes impregnados de fuerza y sensibilidad, entre “la humildad de los árboles” (página 229) y la locura de “las salas de normalización” (página 37).
Es una novela sin nombres, casi anónima, que consigue rescatar del lector una mirada honda hacia las dos orillas. Y lo hace a través de la descripción pausada y serena de un hombre que no ofende, pero que pregunta; un hombre que se fija y escucha; una acertada mezcla de quietud -que transcurre “con la fuerza inocente del agua del río” (página 230)- y movimiento, porque “cuanto más crece la esfera, más deprisa avanza, más puntos de contacto tiene con el abismo sobre el que rueda” (página 280). Novela visual y embriagadora que va mucho más allá de nostalgias y ensoñaciones, y que muestra la imagen de una voluntad que sorprende por su sencilla coherencia. El hombre camina hacia un punto de llegada, un cierto lugar de encuentro de ambas realidades donde espera encontrar aquello que ama. “Hacia allí dirigiría sus pasos una vez más, siempre, con la misma tenacidad que había intentado desorientarle en el camino” (página 300).
Hojas en la orilla
Francisco Ramírez Viu
Anroart Ediciones, 2007
302 páginas
