Canarias puede ser "punta lanza" en el método que acelera el aprendizaje en los niños autistas
Expertos en el tratamiento
del autismo afirmaron hoy que Canarias puede ser "la punta de lanza"
en Europa en introducir el método de análisis de conducta creado en
la Universidad de Columbia (Estados Unidos), con el que se logra
acelerar el aprendizaje de la lengua en los niños que padecen este
trastorno.
Así lo manifestó el profesor de la Universidad de La Laguna y
director del grupo de investigación en autismo y tratamientos
eficaces, Arquímedes Fernández, durante una rueda de prensa para
informar sobre las jornadas internacionales sobre detección temprana
del autismo y respuestas educativas innovadoras que se clausuran hoy
en la capital tinerfeña.
Arquímedes Fernández, que es cofundador del proyecto educativo
"La escuelita de ilusiones", y director técnico de este centro,
señaló que esta iniciativa es innovadora porque aplica el sistema
CABAS de la citada Universidad estadounidense, y cuyas siglas en
inglés significan aplicación del método de análisis de conducta en
la escuela.
Fernández subrayó que este método es igualmente válido para niños
con dificultades de aprendizaje o problemas con el idioma, como
ocurre con los menores inmigrantes, por lo que opinó que Canarias
podría promover este campo de investigación a nivel europeo.
El creador del método, el profesor de la Universidad de Columbia
Douglas Greer, dijo que ha trabajado durante 46 años en el
aprendizaje de los niños autistas, que antes no podían estudiar y
ahora "sí pueden aprender", aunque subrayó que para ello "es clave"
el diagnóstico precoz de este trastorno.
El método CABAS no implica que todos los niños autistas o con
otro tipo de trastornos evolucionen hasta ser "normales", pero sí
logra que aceleren la adquisición de habilidades verbales, por lo
que serán "más listos" y esto contribuye "a la supervivencia
cultural de la especie humana", según Greer.
Explicó que este sistema se basa en cinco premisas y la primera
de ellas es que los profesores controlen el aula, aunque "no con
procedimientos coercitivos", para luego poder discernir qué método
de aprendizaje necesita el alumno, incluso aunque anteriormente no
le hubiera servido.
Otro factor de este sistema es que "mide la calidad" de la
enseñanza que imparten profesores, directores de centros y padres,
pues también se trabaja sobre la base de que hay que integrar a los
progenitores en este programa educativo.
Finalmente se evalúa cómo los niños van desarrollando sus
habilidades verbales si el trabajo que se realiza es correcto,
aunque Douglas Greer también subrayó que la última premisa debe ser
la de involucrar en este aprendizaje a la Universidad que hasta
ahora "da la espalda" a la enseñanza de personas con este tipo de
trastornos.
El profesor titular de Aprendizaje Humano de la Universidad de
Oviedo, e investigador en las de Kansas y Columbia, Luis Antonio
Pérez-González, destacó la importancia de detectar precozmente el
autismo para poder derivar a los niños a este tipo de centros de
forma efectiva, algo que preocupa a los especialistas.
No obstante, precisó que el tratamiento no depende del
diagnóstico sino de las carencias concretas de cada niño, aunque las
que afectan al lenguaje son "esenciales" para su desarrollo, y
subrayó que los expertos "luchan" para que en España haya más
centros que imparten este método de análisis de la conducta, pues
hay "muy pocos".
"Se trata de aplicar los principios de la ciencia a la
enseñanza", resumió Pérez-González, quien dijo que en esta labor "el
maestro es un artista" y puede adoptar "una corriente u otra", pero
también es "clave" diagnosticar el trastorno de forma precoz.
Explicó como ejemplo que un profesional de un servicio de salud
puede sospechar que un niño de dos años con deficiencias en el
lenguaje podría ser autista, pero para confirmar este extremo
prefiere esperar seis meses y entonces encontrarse "con que sí que
se ha desarrollado el autismo".
En este periodo "se han perdido seis meses maravillosos" y este
"pequeño retraso" puede ser significativo, pues entre manejar
"veinte palabras y 200 hay una gran diferencia", señaló. 